Aunque Euclid ya había detectado cometas anteriormente, todos ellos eran objetos que ya se conocían.
El cometa recién descubierto, en cambio, era totalmente desconocido antes de su detección.
Este hallazgo resulta impresionante para una nave diseñada específicamente para obtener imágenes estáticas de galaxias distantes, y no para realizar un seguimiento de objetos del sistema solar que se desplazan a gran velocidad desde su perspectiva visual, como por ejemplo los cometas.
Mikko Pöntinen, de la Universidad de Helsinki (Finlandia), así como otros miembros del equipo científico de la misión Euclid, realizaron el descubrimiento inicial del cometa al emplear un programa informático de detección de objetos en movimiento, desarrollado por el propio Pöntinen para identificar cuerpos pequeños del sistema solar en las imágenes del Euclid: “Me emocionó ver que mi programa señalaba un ‘rastro’ que aparecía en varias imágenes, lo cual indicaba la presencia de un objeto que se desplaza a gran velocidad.
Al predecir su posición, pude localizarlo en otras imágenes; en total, apareció en cinco conjuntos de imágenes.
Un análisis más detallado reveló que el objeto estaba rodeado por una nube difusa, lo que indica que se trata de un cuerpo activo (como un cometa) que desprende polvo y gas”.
Tras comprobar que no existía ninguna coincidencia en los catálogos de cometas y asteroides conocidos, Pöntinen notificó las observaciones al Centro de Planetas Menores (MPC, por sus siglas en inglés) de la Unión Astronómica Internacional, informando del hallazgo de un nuevo cometa.
Esto permitió alertar a los astrónomos que trabajan desde la Tierra, quienes pudieron realizar observaciones adicionales para hacer un seguimiento del objeto.
El MPC lo confirmó posteriormente como un cometa el 8 de octubre, y ahora se le llama C/2026 S1 (Euclid).
Fuente: NYCT Amazings